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Las nuevas tecnologías aplicadas a la comunicación entre profesionales ofrecen enormes avances en términos de cercanía, universalidad y cobertura global, permitiendo una resolución mucho más ágil e inmediata de las necesidades que encuentran determinados colectivos en el día a día de su ejercicio profesional.

Éste es sin duda el origen de la implantación de facto de la aplicación WhatsApp como comunicador interno entre los profesionales del sistema sanitario británico (NHS por sus siglas en inglés). Con el fin de agilizar las consultas entre especialistas que resultan esenciales para el correcto tratamiento de los pacientes, los propios doctores creaban grupos de chat en la aplicación para exponer sus dudas, avisar de la llegada de nuevos pacientes o alertar de posibles complicaciones en un determinado cuadro clínico.

Según miembros de éste colectivo, los caminos oficiales establecidos para la comunicación entre médicos dentro del propio NHS transforman cualquier consulta en “lenta y tortuosa”, siendo necesario completar formularios, enviar los documentos por fax o entregarlos directamente en mano.

Teniendo en cuenta la necesidad de inmediatez en lo relativo a la comunicación dentro de éste colectivo, la creación de un punto de encuentro virtual como puede ser un grupo de WhatsApp en el que intercambiar opiniones o buscar consejo parece mucho más ágil y rápido que un canal similar al correo ordinario.

 

 

El problema llega cuando se analiza la información tratada en estos chats, constituida por información sensible acerca de dolencias o condiciones de pacientes identificados y que, por consiguiente, ven vulnerado su derecho a la intimidad con cada una de estas intervenciones. Pensemos, como hace la autora del artículo adjunto, que un médico pierde, olvida o presta su teléfono móvil desde donde se tiene acceso a todas estas conversaciones sin contraseña. ¿Qué ocurriría si en uno de esos mensajes se comentase la condición de un enfermo de VIH claramente identificado? ¿Qué implicaciones legales tendría tanto para el propio doctor como para la institución?

La protección de datos en el entorno digital es uno de los grandes desafíos que se presentan actualmente. En un mundo cada vez más conectado, donde se intercambia información constantemente y en el que se busca la inmediatez en la resolución de problemas es lógico que se opte por herramientas que cubran estas necesidades, pero el error se produce cuando no se elige la correcta o adecuada.

WhatsApp es una aplicación muy dinámica y útil para el ámbito personal y su uso está generalizado entre la población. Sin embargo su uso en el ámbito corporativo viola la legislación vigente en términos de protección de datos, de secreto profesional y de seguridad de la información. Existen aplicaciones destinadas especialmente para el ámbito corporativo que, siguiendo un modelo de comunicación similar al de WhatsApp, cumplen escrupulosamente las normativas de protección de datos sin descuidar la usabilidad que demandan los usuarios. La concienciación de éste y otros colectivos profesionales en cuanto a la necesidad de la implementación de canales adecuados de comunicación online es esencial para evitar situaciones como la descrita en éste artículo o en otros relacionados también con el NHS que, buscando la inmediatez, deja al descubierto la privacidad de sus pacientes.

La importancia de la privacidad y la protección de datos está cada vez más presente en el ámbito profesional, especialmente cuando las empresas tratan datos sensibles. Aunque aún queda camino por andar, cada día se dan nuevos pasos en el mundo corporativo que ayudan a garantizar la seguridad de la información y la privacidad de los ciudadanos europeos.

 

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